Mujeres Heroicas>Josefa Tinajero
Josefa Tinajero El "Primer Grito de Independencia" en la Audiencia de Quito se produjo el 10 de agosto de 1809, siendo presidente de la Audiencia, don Manuel de Urriez, Conde Ruiz de Castilla y en todo el proceso revolucionario participó un importante contingente femenino, de mujeres ilustradas, del cual se conoce muy poco en la historiografía nacional. La noche del 9 de agosto, los patriotas quiteños habían organizado una Junta Suprema, que debía gobernar la Audiencia hasta que Fernando VII recobrase el trono de España o se estableciera en América como soberano. Esta reunión conspirativa, como muchas anteriores, se realizó en casa de doña Manuela Cañizares. La Junta Suprema resultante estaba integrada por don Juan Pío Montúfar, Marqués de Selva Alegre, como presidente; el Obispo de Quito, don José Cuero y Caycedo, como Vicepresidente; y los doctores Juan de Dios Morales, Manuel Rodríguez de Quiroga y Juan Larrea como Ministros de Estado.
La falta de apoyo de las demás provincias y los conflictos internos de la Junta Soberana dieron finalmente al traste con aquel primer gobierno revolucionario, cuyos líderes devolvieron el poder a los chapetones y, tras ello, fueron apresados, enjuiciados y finalmente masacrados el fatídico 2 de agosto de 1810. Ese día murieron más de sesenta próceres, entre ellos los más radicales líderes de la Junta Suprema, tales como el antioqueño Juan de Dios Morales, el altoperuano Manuel Rodríguez de Quiroga, los quiteños José Riofrío, Juan de Larrea y Juan de Salinas, y el guayaquileño Juan Pablo Arenas, entre otros. La masacre radicalizó la lucha de los quiteños, que formaron una nueva Junta, continuaron la guerra, convocaron a un Congreso y dictaron la Constitución quiteña de 1812, que establecía el Estado de Quito.
Tras la masacre de los próceres, el pueblo fue agredido en las calles y casas de la ciudad por la soldadesca ávida de sangre, pero se defendió con todas las armas de que pudo disponer, aunque fue derrotado por las tropas colonialistas. El resultado final fue la muerte del uno por ciento de la población de la ciudad de Quito. El movimiento emancipador quiteño recibió su bautismo de sangre y quedó casi sin elite intelectual, durante largos años.
En la revolución quiteña de 1809 estuvieron involucradas varias mujeres criollas e ilustradas. Algunas de las más destacadas fueron: Manuela Espejo, Josefa Tinajero y Checa, Mariana Matheu y Ascásubi, Manuela Cañizares y Alvarez, Rosa Zárate y Ontaneda, María Ontaneda y Larraín, María de la Vega y Nates, Rosa Montufar y Larrea y Manuela Quiroga y Coello. También existen varias mujeres mencionadas en los documentos como Antonia Salinas y Josefa Escarcha, María de la Cruz Vieyra, la “Costalona” y la “Monja” y en las actas firmadas por los vecinos de los diferentes barrios de Quito, para nombrar representantes a la Junta Suprema Gubernativa, figuran varias mujeres, como Estefa Campuzano, Rosa Solano, Margarita Orozco, Manuela Solís y otras, pero de ellas y de las mujeres masacradas en las calles no se han hecho investigaciones todavía.
En esta pequeña ponencia tratamos de analizar algunos aspectos de las 9 mujeres mencionadas, que participaron en el Primer Grito de Independencia quiteña y de responder a las siguientes preguntas ¿Quiénes eran estas mujeres? ¿Por qué participaron en el movimiento de la Primera Independencia de Quito? ¿Cuáles fueron sus aportes a este proceso? ¿Qué motivaciones las vinculaban entre sí? ¿En qué condiciones desarrollaron esa lucha?
En todas las grandes revoluciones, sublevaciones y guerras de la humanidad han participado mujeres, de una o de otra manera, enfrentándose de manera activa o sufriendo los efectos desastrosos de estos procesos: cercos, destrucción de sus casas, pueblos o ciudades, hambrunas, persecuciones, emigración, violación, abusos, secuestros, heridas o asesinatos de sus familiares, detenciones, interrogatorios, torturas, condenas o la privación de la vida. Sin embargo, en la extensa historiografía que existe sobre estos eventos, casi nunca se mencionan los roles cumplidos por las mujeres, sus historias de vida, su participación en dichos procesos. Las mujeres y su diversidad y los sectores subalternos, populares, dependientes, no fueron para la historiografía, sujetos de acciones relevantes y sus nombres fueron ignorados o eliminados de la transmisión histórica, generando una grave orfandad en la construcción de sus identidades.
Del mismo modo que los pueblos ancestrales de América, que durante 500 años y más estuvieron al margen de la historiografía, durante siglos las mujeres estuvieron privadas de una ciudadanía histórica, de una historiografía que recogiese los roles cumplidos por ellas en las luchas por un mundo mejor y en la construcción de nuevas utopías, formas de hacer y pensar, y aportes en todos los ámbitos de vida, creación y producción científica. Como consecuencia de este fenómeno general de invisibilización historiográfica de las mujeres, en la mayoría de los países latinoamericanos existen grandes vacíos respecto a la presencia de las mujeres en las etapas más significativas de la lucha independentista.
Michelle Perrot dice que: “Durante mucho tiempo las mujeres peruanas han estado olvidadas de la historia del Perú, tal como ha sucedido siempre, en todos los países del mundo, y en todas las sociedades. El silencio que las recubre tiene razones generales y particulares ligadas a su propia situación. En primer lugar, la invisibilidad que la dominación masculina ha impuesto a las mujeres, confinándolas a un espacio privado, dedicadas a la reproducción material y doméstica, algo poco valorizado y no merecedor del discurso. De allí la debilidad de las huellas dejadas por las mujeres. El limitado interés que han suscitado permitió que no se registraran ni sus hechos, ni sus gestos, ni sus nombres. Afortunadamente, la arqueología y los objetos suplen esta carencia de textos, sugiriendo la presencia de las mujeres en la cultura cotidiana Inca que demanda ser revisada a la luz de las relaciones entre los sexos.
Otra razón del silencio es el poco interés que el discurso histórico, fruto de una mirada dirigida hacia el pasado, ha otorgado a las mujeres. Resulta evidente que la historiografía peruana, nacida de la tradición hispánica, clerical y feudal, ha omitido a las mujeres, sean indias o españolas, de manera diferenciada pero igualmente reducidas al rango de accesorio de los conquistadores.”[4]
En la Revista Memorias de Venezuela, se afirma que solo se ha reivindicado el valor de las damas criollas que apoyaron la Independencia con aportes económicos, con tareas patrióticas, que no rompían los roles tradicionales de las mujeres coloniales o incluso cuando sufrían de manera ejemplar los castigos, persecuciones y en ocasiones la muerte, por su apoyo a la causa independentista “se hizo la apología de las mártires e invisibilizó tras las reglas del pudor la violencia contra el cuerpo de las mujeres en la guerra.” Se invisibilizaron las mujeres del pueblo, que pertenecían a los sectores subalternos, tales como las “pardas, mulatas, zambas que participaron como troperas en los campos de batalla, que formaron baterías de mujeres en las ciudades sitiadas o en las batallas, miles de mujeres anónimas que fueron parte de esa fuerza movilizada del pueblo, contra la opresión realista, o que actuaron en el bando contrario.”
En el Ecuador, que no ha sido la excepción, si bien tenemos muchos estudios sobre el Primer Grito de Independencia quiteña, desde distintos enfoques, mantenemos todavía un tremendo vacío en el conocimiento de las mujeres que contribuyeron a este proceso. Existen viejos artículos sobre los héroes del 2 de Agosto, en los que se da cuenta de datos de sus esposas, hijas y otras mujeres que estuvieron involucradas y biografías que exaltan a las más conocidas heroínas de etapa final de nuestra independencia 1820-1824. La más conocida y biografiada es sin duda Manuela Sáenz. Sin embargo, las biografías de las heroínas de la Revolución Quiteña de 1810-1812, están esperando ser escritas para las actuales y futuras generaciones de jóvenes que requieren paradigmas para la formación de elevados ideales y de una poderosa autoestima que fortalezca nuestra identidad nacional.
Muy interesante su texto y su comentario. Pero considero que desde hace varios años las mujeres estamos escribiendo màs sobre la historiografìa femenina, aunque lamentablemente quizàs falte mayor difusiòn de nuestras obras. En mi caso he escrito sobre Las mujeres en la època colonial: "Entre la Sumisiòn y la resistencia las mujeres en la Real audiencia de quito", "Las Mujeres en la Independencia", "Las Mujeres en la Economìa colonial", "Angeles o Demonios? Las Mujeres y la Iglesia en la Audiencia de Quito", tambièn he escrito muchas ponencias para encuentros de historia y artìculos para revistas. Me llamo Jenny Londoño López y vivo en Quito. Estoy en Facebook, Google, y otros.
ResponderEliminargracias mi tare lista :v
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